Hablar o en este caso escribir de un proyecto que no ha visto la luz es bastante raro, pero a veces es importante reflexionar sobre él antes de perder la objetividad ante las críticas, ya sean buenas o malas. “Un, dos, tres por mí y por todos mis amores”, es ese proyecto que me hace reivindicarme con mi trabajo; es una historia o, más bien dicho, un cúmulo de historias que realmente me apetecía contar. Regreso a los personajes que son más inmediatos a mi realidad: mis vecinos, mis amigos, mi alter ego. Al terminar “No sé si cortarme las venas o dejármelas largas” todos me preguntaban si después del éxito no me daba miedo hacer un proyecto tan inmediato como fue “Sin cura”. Sabía que lo tenía que hacer porque no me podía quedar observando lo que sucedió con “Venas” -como terminamos por llamarle todo el equipo-. Una segunda obra era difícil porque el público iba a ver si no era one hit wonder el día del estreno. Sin embargo, recibieron muy bien “Sin cura”. Después la prensa fue muy extraña: o la amaban o la odiaban. Pero yo no me había quedado con las ganas de darme el gusto de correr un riesgo. Porque así fue “Sin cura”, un capricho del cual me siento muy orgulloso. Lo que seguía era descansar, hasta que te das cuenta que tienes que aprovechar un proceso creativo, un impulso. Otra vez la locación fue Madrid, y el impulso vino después del “Taller para Profesionales”, con el gran Juan Carlos Corazza. Ahí me di cuenta que tenía ganas de hablar de amor pero también miedo de tocar la parte opuesta, el desamor. Así nace “Un, dos, tres por mí y por todos mis amores”.
Lo primero fue delinear estos personajes y seleccionar para quién serían escritos (siempre escribo los proyectos para actores específicos, es más fácil). Recordé que en el estreno de “Aladino, el musical”, Paola Núñez acompañada de Andrés Palacios me habían puesto sobre la mesa la idea de trabajar juntos. No era mala idea -no por aprovechar su éxito mediático como pareja, al contrario, para aprovechar y hacer algo diferente para ellos-. Paola no se lee a primera vista y eso también siempre provoca a la hora de escribir. Después me vino la idea de llamar a Juan Pablo Medina, quien tiene todo lo que a mí me gusta como director. Es el único actor con el que he trabajado en tres ocasiones (se cree que es Luis Gerardo Méndez, pero no, aunque lo extraño demasiado en este proyecto). De ahí se sumó Verónica Toussaint, José María Torre, con quien estaba arrastrando una promesa desde “Venas”. Y ya en la recta final, llegó Raúl Méndez de la forma más extraña pero más auténtica. Si dos personas piden algo, las cosas se dan, y tanto Raúl como su servidor queríamos hacer otro proyecto de la mano.
Ya para cerrar, escribí uno de los personajes que más me han divertido y de los cuales me siento muy satisfecho. La llamé Ana, por ser un palíndromo; y de eso va ese personaje, de ser lo mismo al derecho y al revés. Y para darle vida en mi cabeza no había otra que Marimar Vega, a quien me daba bastante miedo ofrecérselo porque viene de más de un año sin descansar en teatro, y a la par se encuentra haciendo televisión. Pero al final los proyectos tienen vida propia, escogen a sus elencos, sus tiempos, y ellos deciden cuando ver la luz. “Un, dos , tres por mí y por todos mis amores” lo hará el 23 de septiembre. Ayer vi por primera vez la obra correr e independientemente de lo que pase sé que estoy siendo honesto; que he tenido la libertad para abordar el proyecto y el apoyo de un gran equipo, el cual ya es mi familia, y darme cuenta que no me he quedado con las ganas de ponerme un nuevo reto.
Ojalá lo disfruten y en este espacio les sigo contando.
Manolo Caro